Entre ellos destacan la densitometría en 3D y el Trabecular Bone Score

  • Estos innovadores recursos no solo permiten identificar a los sujetos con fragilidad ósea antes que se produzcan las fracturas, sino también evaluar el beneficio que se deriva del tratamiento prescrito
  • La densitometría ósea con técnica DXA, un recurso de referencia, seguro, económico y accesible
  • Uno de los usos de la DXA 3D es la capacidad de simulación del comportamiento biomecánico del hueso en situaciones traumáticas o de sobrecarga mecánica
  • En el Congreso de la SEIOMM se ha insistido en que toda persona que haya tenido una fractura osteoporótica (ya sea hombre o mujer), debe recibir un tratamiento médico para evitar nuevas fracturas

Elche, viernes 27 de octubre. Identificar precozmente a las personas que presentan un mayor riesgo de sufrir una fractura ósea por fragilidad es uno de los principales retos que tiene planteada la salud pública en estos momentos, así como un objetivo primordial para los expertos reunidos en el marco del XXII Congreso Nacional de la Sociedad Española de Investigación Ósea y Metabolismo Mineral (SEIOMM), que hoy se clausura en Elche. Y es que esto permitiría, entre otras consecuencias positivas, seleccionar a aquellos pacientes que pueden beneficiarse prioritariamente de un tratamiento anti-fracturas.

La introducción de modernas técnicas diagnósticas, que incluyen la densitometría en 3 dimensiones o el Trabecular Bone Score, acerca este propósito de facilitar la detección de esta población de riesgo, de manera sencilla, eficaz e incruenta. “El principal avance de las tecnologías diagnósticas es que podemos identificar a los sujetos con fragilidad ósea antes que se produzcan las fracturas y disponer de una herramienta que permite evaluar el impacto de enfermedades o los cambios óseos producto de un tratamiento eficaz”, afirma el Dr. Luis Del Rio Barquero, experto en Densitometría Ósea del Grupo Médico CETIR (Barcelona).

Se cree que el camino emprendido con estas aplicaciones va a permitir obviar la principal limitación que tiene la densitometría DXA, que es medir otros parámetros de calidad ósea que sabemos producen fragilidad ósea y que no son medidos por la densitometría convencional. Sobre todo, en aquel grupo de pacientes que sabemos que, aunque tengan valores solo discretamente disminuidos de densidad mineral ósea con la DXA (osteopenia), sufren fracturas.

De la ciencia ficción a la práctica clínica

Entre las innovaciones diagnósticas, destacan nuevas aplicaciones de la densitometría ósea, que aportan información sobre factores relacionados con la calidad ósea. Como detalla el Dr. Luis Del Rio, “esta información se puede obtener con un tipo de exploración ampliamente reconocida como segura, económica y accesible: la densitometría ósea con técnica DXA”. Según añade, “estas nuevas aplicaciones de una técnica clásica han ampliado el uso clínico y la identificación de los sujetos con mayor fragilidad ósea, integrando información sobre calidad macro y micro-estructural”.

Las nuevas aplicaciones de la técnica DXA que ya están disponibles comercialmente aportan información que hasta hace muy poco tiempo sólo era accesible con métodos cruentos (biopsias óseas) o utilizando equipos muy sofisticados, costosos y únicamente presentes en contados centros de investigación. “Todos estos avances van a suponer una revolución, un cambio de paradigma, en el campo del diagnóstico”, afirma el Dr. Luis del Río.

Entre estas modernas técnicas destacan dos: la denominada TBS (Trabecular Bone Score), que permite la valoración de la calidad micro-estructural del hueso esponjoso (trabecular), y la densitometría DXA en 3 dimensiones, que hace posible una reconstrucción volumétrica de los huesos explorados a partir de las imágenes DXA en 2D obtenidas de forma convencional. “Las nuevas aplicaciones no requieren cambios en la forma de realizar las exploraciones DXA, ni más tiempo, ni exploraciones especiales adicionales o incrementar la bajísima dosis de irradiación que conlleva la técnica DXA”, subraya el Dr. Luis del Río.

TBS y DXA-3D

Respecto al TBS, se trata de análisis que ofrece una información sobre la calidad de la microestructura del hueso trabecular que es independiente de la forma de cálculo de la densidad ósea. El TBS, que se aplica por el momento únicamente a la columna lumbar, no se ve apenas afectado por los artefactos que alteran con mayor frecuencia a las mediciones de densidad ósea, como es la osteoartritis o las calcificaciones vasculares. Se ha confirmado en varios estudios que el TBS complementa a la medición de densidad ósea y permite reconocer a las personas con mayor fragilidad.

En opinión del Dr. Del Río, “la utilización de TBS es más eficaz para realizar la clasificación de personas con densidad mineral ósea baja”, señalando también que “puede aplicarse en muchas de las situaciones en las que la densidad ósea de columna lumbar no puede ser valorada”.

Por su parte, la reconstrucción en 3D de la imagen obtenida en 2D permite definir en primer término la densidad ósea volumétrica (adaptándose a la definición clásica). “El uso de la densidad volumétrica resuelve el problema de la densitometría en 2D, que se ve influida por el tamaño óseo al solo estimar las dimensiones teniendo en cuenta el área proyectada pero no el volumen; el efecto es infravalorar el contenido mineral de los huesos pequeños-delgados y sobrevalorarlo en los casos de huesos grandes-anchos”, aclara el Dr. Del Río.

Otra de las ventajas de esta tecnología 3D es poder identificar y cuantificar por separado los componentes del hueso (cortical y trabecular). Cada uno de estos componentes dispone de una respuesta distinta ante situaciones patológicas y tratamientos. Uno de los factores que contribuyen a la resistencia ósea es la forma que tienen los huesos para cumplir el papel mecánico que tienen asignados en el esqueleto de cada sujeto; en este sentido, la reconstrucción en 3D permite reconocer parámetros de geometría ósea. Otro de los beneficios clínicos de acceder al análisis del hueso en 3D es poder medir el grosor del hueso cortical.

La pirámide del tratamiento de la osteoporosis

La osteoporosis es una enfermedad crónica y como tal no tiene cura definitiva. La principal complicación clínica que se asocia con esta enfermedad es el aumento del riesgo de sufrir fracturas por fragilidad ósea u osteoporótica. Como informa el Dr. Manuel Sosa Enríquez, que ha participado en este Congreso y que trabaja en el Servicio de Medicina Interna del Hospital Universitario Insular de Gran Canaria (Las Palmas de Gran Canaria), “todos los tratamientos que actualmente se usan para hacer frente a este problema van dirigidos a aquellos pacientes que han desarrollado una osteoporosis, con el objetivo de prevenir la aparición de la primera fractura o de prevenir la refractura en pacientes que ya han sufrido una previa (prevención secundaria)”.

El arsenal terapéutico disponible se estructura en la denominada “Pirámide del Tratamiento”. En la base de la pirámide se sitúan las medidas generales; entre ellas, por ejemplo, todas las relacionadas con el estilo de vida: los pacientes con osteoporosis deben practicar ejercicio con regularidad, deben caminar como mínimo una hora, realizar un ejercicio de carga ligera, abandonar el tabaco, tener una dieta equilibrada con abundantes lácteos (desnatados y preferiblemente en forma de yogur), deben también moderar el consumo de alcohol y tomar el sol (alrededor de unos diez minutos) antes del mediodía o ya entrada la tarde.

En segundo lugar, como describe el Dr. Sosa, “si vamos subiendo por esta pirámide terapéutica, hay que instaurar un programa para prevenir las caídas. Y es que, añade este experto, “la mayor parte de las fracturas se deben a una caída; por eso, una estrategia o política de prevención de caídas es muy necesaria”. Subiendo un poco más por la pirámide, es necesario un suplemento de calcio y de vitamina D en pacientes con déficit. Y es fundamental adminístralo asociado a los tratamientos antiosteoporóticos específicos porque así se ha demostrado en los estudios de eficacia para estos tratamientos donde todos los pacientes incluidos asociaban la ingesta de calcio y Vitamina D.

Por último, en el punto más alto de la pirámide están los fármacos antiosteoporóticos, en la actualidad de dos tipos: antirresortivos o frenadores de la destrucción ósea y anabolizantes o fármacos formadores de hueso. A juicio del Dr. Manuel Sosa, “el empleo de los fármacos debe individualizarse para cada caso, ya que cada paciente precisa un tipo de tratamiento, dependiendo de sus circunstancias clínicas, riesgos de fractura. En este sentido, la Guía de la SEIOMM establece con claridad que fármaco debe elegirse dependiendo de cada circunstancia”.

Mensajes para recordar

Desde la perspectiva terapéutica, el Dr. José Manuel Quesada Gómez, del Servicio de Endocrinología del Hospital Universitario Reina Sofía (Córdoba), ha subrayado en este Congreso tres mensajes clave en relación con la fractura osteoporótica.

En primer término, indica, “debemos tener en cuenta los factores de riesgos de sufrir una fractura osteoporótica, y el más importante sigue siendo el haber padecido una fractura osteoporótica previamente”; por ello, aconseja, “toda persona que haya tenido una fractura osteoporótica (ya sea hombre o mujer, aunque aún es más importante en las mujeres) debe recibir un tratamiento médico para evitar nuevas fracturas”.

El segundo mensaje, a juicio de este experto de reconocido prestigio mundial, es que “disponemos de terapias muy efectivas para el manejo de la osteoporosis y la prevención de sus complicaciones, que son altamente seguras y que el riesgo de aparición de potenciales efectos adversos es mínimo: son fármacos absolutamente seguros y son mucho más los beneficios que vamos a obtener”.

Por lo tanto, concluye el Dr. Quesada, “hay que reconocer definitivamente que el tratamiento farmacológico disponible actualmente frente a la osteoporosis es muy seguro, que no hay prácticamente efectos adversos y que se debe confiar en esta opción, siempre y cuando haya indicación de tratamiento”.