Cuando hablamos de Egipto siempre viene a nuestra cabeza la magnificencia de sus monumentos. Nadie se queda impasible ante las pirámides. Pero al catedrático de Antropología Física de la Facultad de Medicina de la Universidad de Granada Miguel Botella López y a su equipo de investigadores no les entusiasmaba esa idea de esplendor del Antiguo Egipto: “La historia miente, cuenta lo que le interesa porque la escriben los ganadores y los nostálgicos. Pero los huesos, aunque digan poco, dicen la verdad”, sostiene el profesor Botella.

Miguel Botella

El también historiador, doctor en medicina y arqueólogo Miguel Botella fue uno de los protagonistas de nuestro XXIII Congreso.

Miguel Botella y su equipo comenzaron un proyecto de investigación sobre la salud y la enfermedad “real” de aquella gente. Y se llevaron una sorpresa: “Vivían mucho peor de lo que nos imaginábamos, estaban en la frontera de la vida y la muerte, en un nivel de estrés permanente. Sufrían enfermedades infecciosas muy abundantes y la mitad de la población se moría antes de los 5 años”. De esta situación tampoco se libraban los faraones. Ramses II, el “iniciador de la propaganda” sobre el esplendor de Egipto, según el profesor, fue una excepción por haber llegado a los 80. Pero Tutankamon murió con 19 años y algunos de los gobernadores con 17. Esta paradoja, la existente entre una “gran civilización abrumadora” y unas condiciones de vida “miserables”, llama la atención de los investigadores desde que iniciaron los trabajos.

Miguel Botella historiador, doctor en medicina y arqueólogo

Ese lugar de trabajo es el sur de Egipto. Se trata de una necrópolis, una tumba excavada en la roca que está frente a la isla de Elefantina. Un lugar de frontera –y por tanto de conflicto— y de población negra y blanca que vivía en unas condiciones miserables. La realidad de aquella etapa (hablamos de los años 2000 a 1750 aC) se parece mucho, según el catedrático, a la de nuestros días: “Sus condiciones de vida son muy precarias”.

Y los huesos y momias encontrados en ese lugar –en un estado “excelente” de conservación— reflejan que los egipcios “vivían en el límite de la muerte, porque tenían que soportar temperaturas de 50 grados, bebían agua de un Nilo permanentemente contaminado y sufrían enfermedades de enorme prevalencia como la malaria”.

También había osteoporosis y evidencias de otras enfermedades óseas. Y en este punto los asistentes del Congreso de SEIOMM estuvieron si cabe aún más atentos a la clase de Miguel Botella: “Algunas son osteoporosis abrumadoras y otras enfermedades óseas aún poco conocidas en la actualidad, como la ‘enfermedad de Paget’. También hay traumatismos, aunque menos de lo esperado por tratarse de una zona de conflicto”.